Cuando una empresa necesita incorporar maquinaria, equipamiento o activos productivos, las dos fórmulas más habituales son el renting y el leasing.
Ambas permiten acceder al uso de un bien sin realizar un desembolso inicial completo, pero su impacto financiero y operativo es muy diferente.
Hoy, en un entorno donde la liquidez, la flexibilidad y el control del riesgo son clave, el renting se posiciona como la opción más ventajosa para la mayoría de empresas.
¿Por qué el renting resulta más ventajoso?
No incrementa riesgo financiero
Al no computar como deuda financiera, el renting no impacta del mismo modo en la capacidad de endeudamiento de la empresa. Esto permite mantener mayor margen para otras operaciones estratégicas.
Mejora la estructura de balance
Mientras el leasing genera una financiación asociada a un activo, el renting se trata como gasto operativo, lo que puede contribuir a una estructura financiera más ligera y flexible.
Mayor previsibilidad de costes
Las cuotas de renting son estables y cerradas. No hay sorpresas vinculadas a estructuras financieras complejas ni costes adicionales derivados de la financiación.
Menor carga de gestión
El renting permite externalizar la gestión del activo, reduciendo carga administrativa y operativa interna.
Flexibilidad al finalizar
Al terminar el contrato, la empresa puede renovar o devolver el activo sin necesidad de asumir su propiedad si ya no forma parte de su estrategia.
Conclusión
En un contexto empresarial donde la agilidad financiera y la optimización de recursos son fundamentales, el renting ofrece mayor flexibilidad, menor impacto en balance y mejor control presupuestario.
Más que una alternativa al leasing, el renting se ha convertido en una herramienta estratégica para empresas que priorizan liquidez, eficiencia y capacidad de adaptación.
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